IRRITA ….Y NO TIENE CHILE


“¿En qué mes vivo? ¿ ya se me fue el avión?...¡ No! Estamos arrancando septiembre.

Y entonces, ¿por qué veo a todas las grandes tiendas llenas de arbolitos y adornos navideños? ”


Y empieza a subirme esa agrura por el tubo digestivo… ya me irrité y no he comido chile.

Y cómo no me va a irritar lo que está atrás de esto: la manipulación de las masas ante los ímpetus salivantes de exacerbar el consumismo rampante por parte de “las manos invisibles” de los grandes capitales.

¡Claro! se acabó una temporada, se tuvieron que rematar los artículos ligados a ella y ahora, estamos en un limbo. La gente gastó en vacacionar, en proveerse de cosas para el regreso a clases y no tiene incentivos ni dinero ni intención para adquirir nada. Entonces, hay que actuar, hay que mover el aparato del consumismo para volver a hacer que la gente “sienta” que “hay que comprar” ó “ya hay algo nuevo para comprar”. La mercadotecnia es tan grande que, sin palabras, logra mandar el mensaje de que ya hay que tenerlo, hay que ser de los primeros, no se vaya a acabar.


Y con añoranza recuerdo que no hace mucho tiempo, nos relamíamos el bigote esperando que llegara el fin de octubre para atacar sin piedad el pan de muerto recién hechecito de la panadería o el que mi mamá o mi tía hacían. Contábamos los días para que llegara esa roscota de Reyes el 6 de enero, llena de muñequitos y acompañada de su chocolatote bien espumoso y caliente reuniéndonos en familia y sin quitar la vista del corte para que nadie se fuera a “hacer rosca” con el muñeco. Y, por supuesto, había que esperar al merito 2 de febrero para cobrar esos tamalitos de la Candelaria que pagaba el que había sacado “el mono” o el que había sacado más en la rosca.


Y retomando la pregunta, ¿qué estaba atrás de estas costumbres, por qué era así? Porque teníamos respeto a las tradiciones ( si se fijan, casi todas religiosas), contención sobre la voluntad o el ímpetu, la disciplina de esperar, la valoración de las celebraciones , la ilusión de la llegada de “esa fecha tan especial”, vivíamos el espíritu propio de las fechas y muchas cosas más.


Hoy, y desde hace unos años, nos tratan de inocular en el inconsciente que todo eso no tiene valor, no importa, es antigüito. El objetivo es provocar el consumo, incitarlo: consumir y consumir ( cuando ellos manden). Se corrompe, se prostituye todo lo que haga falta en aras de la venta, de las utilidades.

En agosto/septiembre ya se vende el pan de muerto y hasta los arbolitos y adornos navideños; en noviembre/diciembre las roscas de Reyes pululan por doquier.


Y si elucubro un poco más, esto me lleva a otras cosas: el fenómeno no se queda aquí, se transforma y permea en toda una forma de vida, rehace ( o deshace) los valores, descompone las prioridades. Se promueve que no hay porqué esperar a nada, hay que satisfacer el deseo -creado o intrínseco- en ese momento, ni un minuto después. ¿Por qué esperar?

Y pienso entonces cómo explicarle a una criatura que ve todo este barullo comercial fuera de momento, que falta un tercio del año para Navidad pero que no se confunda, que hay que tener paciencia para esperar, que todo tiene su tiempo y su momento para disfrutarlo como se debe. Tengo que evitar que el sabor y la ilusión se le diluyan, que no pierda la perspectiva.


Pero los que caen en la trampa y van por las esferas o el arbolito no hacen sólo eso. Están dando un pésimo ejemplo: nulo respeto a nuestras fiestas, a nuestras costumbres. Además, y muy relevante en el mundo de hoy, cero tolerancia: los deseos se cumplen hoy. Entonces, ¿por qué luego se quejan de eso mismo cuando son sus hijos quienes se las aplican?


¿ De qué nos extrañamos cuando un niño de 12 años empieza a beber?

Y porqué no, ir al antro desde los 15 ( y a veces ,con conocimiento y hasta complicidad de los papás, falsificar el IFE para ello)

¿Y porqué contenerse si a los 14 ó 15 años se les “antoja” tener relaciones sexuales con su pareja en “ese” justo momento?


El fenómeno del consumismo va entonces más allá del comprar . Lo que lo estimula, lo que destruye para consumarse, lo que enseña, lo que sacrifica en aras de, es lo que está llevándose en arrastre a muchos valores, tradiciones y principios. Si no queremos permitirlo, hay que hacer algo.


Se me ocurre, para empezar, boicotear las compras sin sentido, atemporales; el árbol se compra en diciembre , el pan de muerto a fines de octubre y la rosca cerca del 6 de enero. Al antro se va a los 18 , se empieza a manejar-con restricciones- a los 16/17, las borracheras pueriles no se toleran, los regalos ó los “extras” se dan por méritos……


Conoce a Laura Costas.

Mexicana de corazón, comprometida  con mi país. Compartamos valores, tradiciones, cultura, arte, bellezas naturales de nuestro querido México.

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