• OLIVIA E NUÑEZ ORELLANA

NOÉ


COMENATARIOS SOBRE LA PELÍCULA.

Dirigida por Darren Aronofsky,

Protagonizada por Russell Crowe, Anthony Hopkins, Jennifer Connelly, Douglas Boot, Logan Lerman, Emma Watson y Ray Winstone

Noé es un relato conocido para todos nosotros. La amenaza de un gran diluvio que acabará con la humanidad entera y todo ser viviente y la proeza de construir un arca gigantesca en la que navegaran y podrán sobrevivir, solo dos ejemplares - hembra y macho de cada especie-, para poder reproducirse y poblar la tierra una vez que el diluvio haya pasado. Este es, no sólo un relato impresionante y fascinante que conocemos desde pequeños, sino que tiene una vigencia más cierta de lo que se puede ver a simple vista.

Con excelentes actuaciones y un despliegue impresionante de efectos especiales y digitalización de imágenes, Noé es el relato bíblico que describe a una humanidad ambiciosa, que se autodestruye y destruye todo el mundo creado por su ambición desmedida y su tentación de ser como dios. Un momento simbólico y real en el que el hombre está tan aferrado en poseer y dominarlo todo, que convierte el mundo en un caos, un mundo de autodestrucción y muerte.

Pero en medio de todo este escenario esta Noé y su familia, que han decidido ser fieles a Dios y se comportan como creaturas. Entienden que el “estar hechos a imagen y semejanza de Dios” los hace inmensos en dignidad pero no les quita su condición de creaturas.

En este contexto, cuando casi no queda nada fecundo en la tierra porque el hombre ha decidido acabar con todo, Noé responde al llamado de Dios, quien le anuncia que se arrepiente de su creación y va a mandar un diluvio que va a destruirlo todo. Es así como, confiando en la nobleza y docilidad de Noé, le manda construir un Arca en la que se salvarán dos de cada especie y habrá posibilidad de poblar la tierra de nuevo.

Imponente en su fotografía y efectos este relato que parece tan antiguo, no es más que un reflejo del hombre de hoy.

Ambicioso y soberbio hoy también el hombre amenaza con destruir todo y destruirse. ¿No es acaso actual la preocupación por la escasez del agua derivada del desperdicio, por la capa de ozono que ya no nos protege porque la hemos destruido, de la contaminación y la basura que aniquila a seres vivos en ríos y mares? ¿No es un relato de hoy el que anuncia la extinción de especies animales con las que hemos acabado para venderlas como trofeo o para comerciarlas en partes? ¿No es una angustia permanente para el campo, la siembra y ciudades enteras, el desequilibrio climático que arrasa a pueblos y sembradíos con sequias o inundaciones?

Pero peor que eso, ¿no es vigente la lucha que hoy se da en el más alto rango de las naciones y en el más bajo también, el deseo de legalizar el asesinato de niños en el vientre materno, la droga, la vida sexual irresponsable y temprana, alegando como “derecho” el decidir sobre su sexualidad y su cuerpo” en un anhelo de no tener límites para nada?

Y fue entonces la respuesta de Dios, un castigo al hombre que no entendía que ser imagen de Dios no es ser dios y decidirlo todo para sí con ambición y egoísmo. Y aun después, Dios volvió a confiar en el hombre y sello una alianza en la que siempre confiaría en su posibilidad de descubrir el Bien, la Verdad y la Belleza.

Noé es una cinta que cuenta un relato que bien podría ser el diagnostico perfecto de la ambición del hombre de hoy. Pero que culmina con la esperanza de que el bien que está en cada uno sea al final el que triunfe sobre el mal. Y aunque a veces parezca arrollador el mal y sus efectos, el bien vence y vencerá.

Lo que sí es cierto, es la urgencia de que en cada acto personal y también en la dimensión social e histórica que nos toca vivir, seamos asertivos en elegir el bien. Porque aunque al final la batalla del bien está ganada, si no hacemos nuestra parte habrá más dolor y muerte antes de poder llegar a nuestra meta.

A propósito de esta cinta, ayer concluyó la Conferencia Internacional de la Mujer en Naciones Unidas y por increíble que parezca, una mayoría del mundo voto por “no promover el retraso de la vida sexual”, voto a favor de la promiscuidad y por omitir cualquier lenguaje de fidelidad en los documentos oficiales. Si, así es, ¡increíble! Y el costo de esa ambición desmedida, en la que se reclaman supuestos derechos, será la trata de personas, el sida, las rupturas familiares y la afectividad de los jóvenes hecha pedazos por confundir el sexo con el amor. No necesitamos diluvios, es nuestra propia ambición de decidir sobre todo, la que nos esclaviza y aniquila.

Esperamos como Noé, y hay que trabajar para ello, que regrese la paloma de la paz anunciando tierra firme donde recomenzar.


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